martes, 21 de abril de 2009

RSS: el hilo que une a Internet con la actualidad

Internet posee un problema con el que poco pudieron haber soñado los primitivos internautas. Actualmente existen más de 112 millones de blogs, según Technorati y esta cifra, un poco afectada por el crecimiento de las redes sociales, va en aumento. A esto hay que agregarle todos los portales de noticias y versiones digitales de periódicos disponibles.

Entre tal infoxicación y sobresaturación de contenidos ¿Cómo se puede permanecer informado con todo lo que nos interesa en un único sitio? La respuesta que se encontró es: RSS

La manera tradicional de acceder las novedades de los sitios que se actualizan regularmente es, a esta altura, lenta, dificultosa e ineficiente. De esta forma, el navegante desde su computadora tiene que acceder blog por blog, sitio por sitio buscando la información que le interesa. Tal unidireccionalidad que surge desde el lector en busca de artículos o post, y en muchas oportunidades que ingresa varias veces sin que el sitio esté ni siquiera actualizado, le hace perder tiempo. Y no hay que olvidar que en el periodismo, la actualidad de un hecho es crucial para que sea noticiable. 

La nueva forma consiste en invertir esta unidireccionalidad y hacer que las novedades de los blogs y los portales de noticias vayan hacia el lector, sin que tenga que navegar errante hasta encontrar lo que buscaba. 

Gracias a los RSS se puede generar un sitio-hogar que alberga a estas notificaciones de novedades de todas las cosas nuevas que llegan de los sitios favoritos del navegante.

Para empezar, hay que realizar dos pasos. El primero es obtener un hogar para alojar a las notificaciones de los artículos. Este sitio Web se llama lector. Es gratis y todo lo que se necesita hacer para utilizarlo es registrarse. En mi caso utilizo Netvibes pero hay muchos más, como Google Reader, Feedreader, Bloglines, Newsgator, entre otros. En ellos se incluyen los RSS de los sitios favoritos del navegante y se pueden organizar por categorías, tipos, intereses, etc.

El paso dos consiste en establecer una conexión entre el lector y sus sitios favoritos. A crear esas conexiones se les llama suscribirse, y es el paso más importante. Casi cada blog y sitio de noticias, ofrece la oportunidad de suscribirse para que las actualizaciones de sus sitios se muestren en los lectores de RSS. 

Para crear suscripciones sólo hay que buscar estos íconos. 


Este es el estándar utilizado por convención, pero hay otros muy similares. Una vez que se les hace clic, la página va a dar todo lo necesario para que el usuario pueda suscribirse.

Dependiendo del lector se cliquea en “Agregar feed” o “Suscribirse”, se copia la dirección del RSS y de ahora en más, el navegante habrá cambiado para siempre la manera por la cual navega.

Las nuevas generaciones de internautas modifican a diario, de la mano de los RSS, las prácticas para recorrer la Web de la manera más eficiente. Tanto, que vincular los RSS a un teléfono celular y que este descargue automáticamente los videos incluidos en los RSS y puedan reproducirse en el teléfono, ya es una realidad.

lunes, 20 de abril de 2009

Conocimiento vs. Información

Uno de los primeros en utilizar el término sociedad de la información fue el economista austro-húngaro Fritz Matchlup en su libro “La producción y la distribución del conocimiento en los Estados Unidos” de 1962. En su trabajo, Matchlup concluye que la cantidad de empleos basados en la manipulación y en el manejo de la información es superior a los que están relacionados con algún tipo de esfuerzo físico.

Otros autores le refieren la creación del término al sociólogo estadounidense Daniel Bell en su obra “El advenimiento de la sociedad post-industrial” de 1973, en la que formula que el eje principal de esta sociedad será el conocimiento teórico y señala que los servicios basados en el conocimiento se convertirán en la estructura central de la nueva economía y de una sociedad apuntalada en la información. Finalmente, en la sociedad de la información, las ideologías resultarán sobrando.

Con la explosión de Internet a mediados de los 90’ este término volvió con fuerza. A partir de 1995, fue incluida en la agenda de las reuniones del G7 (actualmente G8). Fue adoptada por el gobierno de los Estados Unidos, así como por varias agencias de las Naciones Unidas y por el Grupo Banco Mundial. A partir de 1998, fue elegida, primero en la Unión Internacional de Telecomunicaciones y luego en la ONU, como el nombre de la Cumbre Mundial a realizarse en 2003 y 2005.

En este contexto, el concepto de “sociedad de la información”, como construcción política e ideológica, se ha desarrollado de la mano de la globalización neoliberal, cuya principal meta fue la de acelerar la instauración de un mercado mundial abierto y “autoregulado”. Esta política contó con la estrecha colaboración de organismos como la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, para que los países débiles abandonen las regulaciones nacionales o medidas proteccionistas que “desalentarían” la inversión; todo ello con el conocido resultado de la escandalosa profundización de las brechas entre ricos y pobres en el mundo.

La noción de “sociedad del conocimiento” fue empleada por primera vez en 1969 por un autor austríaco llamado Peter Drucker . Sin embargo, el término cobró fuerza hacia finales del Siglo XX y es usado como una alternativa a la “sociedad de la información” por investigadores como Robin Mansel o Nico Stehr.
Manuel Castells explica que si bien el conocimiento y la información son elementos cruciales en todos los modos de desarrollo, “el término informacional indica el atributo de una forma específica de organización social en la que la generación, el procesamiento y la transmisión de información se convierten en las fuentes fundamentales de la productividad y el poder, debido a las nuevas condiciones tecnológicas que surgen en este período histórico”.

El “conocimiento” es un término mercantilizado hasta el hartazgo: se habla de “industria del conocimiento” como si este fuera algo susceptible de comercializarse, con independencia del sujeto que lo posee. Como si fuera una “cosa” que debiera identificarse como datos o incluso como “información”, pero el concepto de conocimiento hay que reservarlo para aquella información que es contextual e históricamente situada por un sujeto “conocedor”. 

La cuestión no es nada abstracta: son los hombres los que crean y aplican el conocimiento. La información, el discurso, los datos, necesitan ser elaborados e interrelacionados  con respecto a un tiempo y a un lugar, a una situación Sólo la intervención de las personas puede darle a la información la categoría de conocimiento.